Allegro con moto, Finale


No hay peor sordo que el que no quiere oir. Tampoco hay mejor tergiversador que aquel que desconoce antojadizamente el significado y el peso de las palabras que dice o lee. Dos cosas que muy desgraciadamante le ocurren a usted Sr. Rojas.
Situación que me obliga por respeto a sus lectores y a mí mismo darle una preliminar lección de castellano. Lo que, convengo, no deja de ser paradójico frente a los títulos que usted enarbola.

Usted me pregunta : « ¿"Chauvinismo morrocotudo" qué significa eso ? »
¿No lo sabe? Pues "chauvinismo morrocotudo" quiere decir simplemente chovinismo grande, y, en su contexto, chovinismo grande como el morro de Arica.

Morrocotudo es una palabra que pertenece al acervo colectivo del castellano por lo que no es propiedad privativa de un profesor de castellano o de literatura ni de una publicación en la que éste participe.

Empleo esta palabra como el adjetivo que es y usted en su delirio tergiversador la lee como un sustantivo y, ya lanzado, como el nombre propio de un periódico en el que usted escribe. A rienda suelta en su paranoia chopperiana (cuyas palabras trajo usted a colación pero sin entenderlas) afirma usted entonces que yo cito tal publicación y que para más remate esta supuesta cita constituye “dichos sobre [su] persona”. A galope tendido, huyendo despavorido de toda textura y cordura, pretende además que tal supuesta cita es un “argumento contra este artículo y las personas que en él se refieren a Hahn ». Esto después de haber confesado no querer « alimentar este sin sentido », que obviamente, como se ve y se verá, es el sin sentido de lo que usted mismo escribe.

Desengáñese Sr. Rojas, usted no está en el ojo de este miniciclón, que por lo demás le queda visiblemente grande. Nada en mi primera intervención se refiere a sus insignificantes palabras limitadas sólo a presentar los textos contra los que me insurjo.

Usted se siente ofendido porque desea sentirse ofendido pues contra toda evidencia pretende no “ser muy ciego” y “darse cuenta” que “los tiros” van contra su persona.
Los tiros van donde han dado… contra los dos patéticos textos que usted publica, no hay más, y para usted nada… de lo que su delirio le sugiere.

Otra cosa es que usted identificándose en todo punto con estos patéticos textos (quizás es usted el autor de los textos que mordicus defiende solitariamente) se sienta ofendido por mi reacción contra ellos, humillado o herido en su amor propio o puesto en evidencia por mis palabras, que es lo que quiere decir exactamente la palabra ofender.

En cuanto a la palabra « atropellos » con la que usted pretende cualificar abusivamente mi intervención, le recuerdo, por si no lo sabe, lo que ella significa [Atropellar, 4.  tr. Agraviar a alguien empleando violencia o abusando de la fuerza o poder que se tiene. 5. tr. Ultrajar a alguien de palabra, sin darle ocasión de hablar o exponer su razón.]. Suerte de cosas que sólo acaecen en su delirante percepción de lo dicho.

Sigamos con su castellano, Sr. Rojas.
Me dice usted:
« Lo que no me da igual es que se use algo tan simple como un artículo público para opinar libertinamente [es decir a la manera de los libertinos. Son tantas las definiciones, antiguas y modernas de la palabra libertino que no sé qué decirle Sr. Rojas. Desde la que nos señala su misma etimología en la que libertino significa simplemente esclavo liberto, pasando por los usos medievales en el que su sentido fraguado al calor de las contestaciones religiosas define más bien a alguien no sujeto a las creencias y prácticas de la religión o por los usos renacentistas en los que su figura aparece con frecuencia descrita como apasionada de independencia y deseosa de libertad sin medida, no se bien cual elegir, pero poco importa pues por el tono moralizante con el que inserta usted esta palabra  probablemente su definición preferida sea más afín al moderno influjo del Opus Dei sobre la Real academia de la lengua « española », en una palabra, más policial, es decir : libertinamente, con libertinaje = m. Actitud irrespetuosa de la ley, la ética o la moral de quien abusa de su propia libertad con menoscabo de la de los demás. Definición que claramente no corresponde a la situación que intenta describir.] y sin responsabilidad [en su blog están mis respuestas, además de la presente], agrediendo [Agresión 1.  f. Acto de acometer a alguien para matarlo, herirlo o hacerle daño. U. t. en sent. fig. 2. f. Acto contrario al derecho de otra persona. 3. f. Der. Ataque armado de una nación contra otra, sin declaración previa. Supongo que argüirá que usa esta palabra en sentido figurado, y previéndolo le pregunto secamente desde ya: ¿Qué se ha figurado usted, Sr. Rojas?] tal como lo demuestran tus palabras que en buen y simple castellano, dicen más que suficiente [mis palabras dicen lisa y llanamente lo que exactamente quiero decir]. »

Veamos el detalle

¿Cuáles son estas palabras tan poderosas y que le dejan tan en evidencia?
Éstas « incluyen adjetivos más fuertes que los de Nicolas: tartufos, socarrones », « abres con el título patéticos, y sigues con ineptos, chauvinistas ».

Los adjetivos tomados en sí mismos no pueden ser ni más ni menos fuertes, salvo para los espíritus débiles, lo que es fuerte es la justeza de la sustancia o de las situaciones que ellos cualificando denotan. Los de su mentado Nicolas son débiles justamente a causa de la injusticia y arbitrariedad de la que proceden. Por lo demás ni yo me he dirigido a él, ni él se ha dirigido a mí.

Empecemos en el orden de aparición de mis superdotadas palabras.

Patético
Der. del latín patheticus y éste del griego, que impresiona, sensible.
1.  adj. Que es capaz de mover y agitar el ánimo infundiéndole afectos vehementes, y con particularidad dolor, tristeza o melancolía.


Es exactamente lo que produjo en mí la lectura de los textos en cuestión: dolor, tristeza y melancolía. Por lo cual, decir que estos textos son patéticos no puede constituir en modo alguno una ofensa, agresión o injuria; decir que son patéticos sólo significa reconocer a esos textos la capacidad de infundir estos afectos negativos. Es un adjetivo que describe  simple y resumidamente un hecho real que le ocurre a quien lo pronuncia. Sentirse ofendido, agredido o injuriado por este adjetivo es no entender castellano, sentirse ofendido, agredido o injuriado por el hecho síquico que describe este adjetivo es ser un imbécil. Elijo para usted la primera opción, siguiendo en esto el buen consejo del viejo moralista Châteaubriand, quien proponía usar con parcimonia el desprecio visto el número de necesitados.

Tartufería
I.  Subst. f. Falsa devoción.
Por alus. a Tartuffe, protagonista de una comedia de Molière.

Con esta palabra afirmo que los textos en cuestion presentan una devoción por Oscar Hanh que yo considero falsa, como una falsa devoción. Hecho que queda demostrado algunas líneas más abajo.

Socarronería
1. f. Astucia o disimulo acompañados de burla encubierta.
Con esta palabra quiero decir que la falsa devoción está naturalmente encubierta pero tan mal disimulada que aparece por lo que es, una burla.

Inepcia
1.- Cualidad de necio.
2.  f. Dicho o hecho necio.

Con esta palabra califico estos textos de dichos igualmente necios en estos tres planos: tanto en cuanto al sentido de la palabra en general, a la poesía en particular y singularmente en cuanto al espíritu poético de Oscar Hahn.
Textos necios, es decir:

(entre un clavel y una rosa, es coja mi reina es coja)

Necio
1.  adj. Ignorante y que no sabe lo que podía o debía saber. U. t. c. s.
2. adj. Imprudente o falto de razón. U. t. c. s.
3. adj. Terco y porfiado en lo que hace o dice. U. t. c. s.
4. adj. Dicho de una cosa: Ejecutada con ignorancia, imprudencia o presunción.


Chovinismo
(Del fr. chauvinisme, patriotismo fanático).
1. m. Exaltación desmesurada de lo nacional frente a lo extranjero.


No pudiendo explicarme tanta tartufería, socarrona burla y abundante inepcia en este par de  breves e intrascendentes pero sintomáticos textos, me pregunto simplemente si no responden a una exaltación desmesurada de una suerte de patriotismo literario local (de ahí el adjetivo morrocotudo, en referencia a la desmesura y al morro de Arica).


Pero, en fin, vamos al meollo de este asunto, a los textos criticados por mí y tan torpemente defendidos por usted, Sr. Rojas.


Casus belli

Dice el Sr. Luís Araya Novoa (“escritor y docente de larga y reconocida experiencia”, según usted) en Valoración de una Trayectoria:

“Al leer la poesía de Oscar Hahn, el lector sensible y exigente de excelencia creativa mediante la palabra artística, fortalece su concepto de la causa y del modo en que el lenguaje articula la cultura como espíritu del humanismo.”

Lo primero que salta a la vista a lo largo de todo este texto es que el autor está reñido o enemistado con las reglas básicas de la puntuación y de la acentuación.

Lo segundo, en cuanto al contenido de esta frase, es que el Sr. Araya, una vez enunciado su diktat según el cual “el lenguaje articula la cultura como espíritu del humanismo”, dictamina, probablemente gracias al poder que le confiere su pequeño politburó literario, que quien a la lectura de la poesía de Hahn no fortalece las oscuras razones y maneras por lo que esto es dictatorialmente así no es un “lector sensible y exigente de excelencia creativa”. Es un mal lector de Hahn o un no lector de Hahn.

Esto no sólo es abusivo y arbitrario sino que constituye una verdadera burrada.
Por lo demás, el lenguaje por sí mismo no articula absolutamente nada, es más bien simplemente el hombre  quien, articulando físca y mentalmente, práctica y teóricamente el lenguaje, puede en algunos casos (raros como el del Sr. Araya) concebir y afirmar que la cultura se reduce al espíritu de una actitud filosófica tal que el humanismo. Pero esto ya es harina de otro costal.

Prosigue el Sr. Luís Araya:

“Es que este escritor chileno” [… ] “inventa su personal espacio lírico desde, por y para el verbo gestor de criaturas, hechos y ambientes que, validos por si mismos, configuran sus esencias en por que" y cómo se les presenta.”


Todo escritor lírico, chileno o no, “inventa su personal espacio lírico” (es lo propio de la lírica, si siendo magnánimos leemos este “inventa”, que supone un gesto en cierto modo arbitrario y en todo caso no necesario, como “vive”). La particularidad de Hahn residiría en que él lo hace desde el verbo gestor, por el verbo gestor y para el “verbo gestor de criaturas, hechos y ambientes”…
El burocratismo literario galopante del Sr. Araya parece querer inundarlo todo.

Inmediatamente todo esto se torna mágico, no sin cierto perfume a truco, es así como estos seres, hechos y ambientes que el verbo gestiona son subsistentes por sí mismos pero carecen de esencia (desafíando toda imaginación) por lo que deciden “configurarla” (como un vulgar PC, en todos los sentidos de la sigla) y lo hacen gracias a Hahn, que para eso está, de la manera más espectacular: “en por qué y cómo” nuestro querido poeta, reducido a un simple presentador de trucos, “los presenta”.

Luego sigue el Sr. Araya Novoa, inventor de su comarca, probablemente poco convencido con este singular montaje, abundando en tan rica materia y enchufando algunos otros “ periféricos” a su triste material de oficina.

“En tal sentido [ en cuál, ¿como presentador del verbo gestor de criaturas?], Hahn es, con relevancia, un poeta fundacional [¿hay que adivinar de qué? ¿de cierto minimalismo, por ejemplo?], que origina seres y actos portadores de características propias [probablemente porque es muy difícil que sean portadores de características ajenas, aunque con el Sr. Araya todo es posible] relacionadas con una transubstanciación de la naturaleza [¿en qué? La sangre y el cuerpo de Cristo se transubstancian singularmente en el pan y el vino según el dogma eucarístico católico. Aquí, la naturaleza en todas las formas de su corporeidad se transubstancia necesariamente en todas las formas de corporeidad, en suma y absurdamente se transubstancia en sí misma. Habrá ahora que revisar el sistema de Leibniz, en particular sus últimas correspondencias sobre el vinculum substantiale y su relación con la operación eucarística, a la luz de este fundacional descubriemiento del señor Araya], mas que con una nostalgia o vivencia de la misma. Por esto muchos de sus poemas parecen provenir de experiencias idiomáticas obtenidas de lecturas mas que del trafago diario de la vida, en una actitud diríase Borgiana que con imaginación y asentada en libros reales o irreales fija su universo. Mas, en Hahn, si en alguna medida [en “muchos de sus poemas”, según se ha dicho] se manifiestan rasgos composicionales al respecto [es decir, supongo, salidos de “experiencias idiomáticas obtenidas de lecturas”], estos se expresan como perfil [conjunto de rasgos] de procedimiento y catadura [Acción y efecto de catar o gesto, semblante, aspecto. La verdad es que a estas alturas da igual ¿no es cierto?] de organización de elementos básicos [¿Cuáles? ¿La máquina de café, el desktop del PC, la secretaria de la oficina, Sr. Araya?] y no de posición lírica profunda surgida del trato existencial [¿Por qué el yo de Oscar Hahn que es su “posición lírica profunda” tiene que surgir de las peripatéticas relaciones como las que gobiernan espectacularmente, en sentido aristotélico, la oficina del Sr. Araya?] que en tonos, ritmos, sonoridades, armonías, imágenes, motivos y temas recuerdan caracteres semejantes trabajados por poetas romancistas medievales anónimos, o Jorge Manrique, o Francois Villon. O bardos renacentistas tal San Juan de la Cruz, o Garcilaso de la Vega; o barrocos como Luís de Gongora, o Francisco de Quevedo; o románticos simbolistas a la manera de Jean Arthur Rimbaud; o más contemporáneos, según Guillaume Apollinaire [el autor de Les onze mille verges, opinando en este asunto, qué gusto ¿no?], Vicente Huidobro, Nicolás Guillen u otros.”


Intentemos resumir este particular galimatías de Mateo Araya Novoa

Gracias al verbo que gestiona criaturas, hechos y ambientes, Hahn se inventa su mobil home (en adelante MH) lírico. Pero el verbo gestiona unas criaturas, hechos y ambientes que si bien subsisten por sí mismos carecen desgraciadamente de esencia. Cuando estas criaturas, hechos y ambientes (en adelante CHA) se dan cuenta de esta carencia se las arreglan para configurar su esencia de una manera sui generis llamada “en por qué y cómo se les presente”. En este caso le toca a Hahn hacerlo, es el trato para acceder a su MH lírico. Presentando a CHA, Hahn les da esencia y entonces el verbo puede gestionar mejor CHA y hacer más habitable MH.
El problema es que CHA es portador de características propias (diríanse virus) que se relacionan más con TN (transubstanciación de la naturaleza… en naturaleza) que con una nostalgia o vivencia de la misma (aquí resulta muy arduo, debo confesarlo, determinar si se trata de la primera o de la segunda naturaleza) por parte de Hahn. Es obvio que Hahn y el verbo gestor no se están entendiendo bien. Tanto es así, según Mateo, que ahora muchos de los poemas del poeta provienen de EIO (experiencias ideomáticas obtenidas) de manera libresca al punto que en ellos se manifiestan rasgos composicionales librescos que a su vez se expresan como un conjunto de rasgos de procedimiento  y rasgos de organización de elementos básicos que prescinden del verbo gestor y de MH. Es decir, según Mateo, Hahn ha quedado, por libresco, fuera de su MH lírico y entonces sin trato con los CHA del  verbo gestor. Esta situación le produce a Mateo mucha nostalgia y entonces recuerda un sinnúmero de CHA trabajados por otro sinnúmero de MH a lo largo de la história lírica…

Al Mateo la nostalgia no le ha sentado nada bien, pronto se le torna agria, intenta mantener las apariencias de devoción al poeta Hahn (todo sea por el premio, por su oficina, por su morrocotudo politburo literario), pero ya no puede más y termina vomitando su emputecimiento contra nuestro querido poeta.

Diciendo lo siguiente:
“Dichos parecidos [con el sinnúmero de MH] se proyectan en su escritura en rol de confluencia y parentesco técnico retórico, de consonancia genérica [esto quiere decir: dichos parecidos no son tales], pues [puesto que] la gestión de autenticidad [esto quiere decir: la inautenticidad de la autenticidad o la auténtica inautenticidad] creativa de Hahn se manifiesta con exactitud en su tendencia a trabajar asuntos tradicionalmente considerados de primerísima importancia con desfachatez [1.  f. coloq. Descaro, desvergüenza. descarada ostentación de faltas y vicios.] y altanería [1.  f. Altivez, soberbia. Soberbia = 1.  f. Altivez y apetito desordenado de ser preferido a otros. ] [meterse alguien en ~s. 1. loc. verb. coloq. Tratar de cosas superiores a su comprensión o inteligencia], humor y sarcasmo [1.  m. Burla sangrienta, ironía mordaz y cruel con que se ofende o maltrata a alguien o algo.], superioridad y jactancia [1.  f. Alabanza propia, desordenada y presuntuosa.], y aunque con identidad muy hispanoamericana, demostrando en sordina, y evidenciando que esto es lo que el lector debe entender, porque la procesión va por dentro, encubierta por un formato estilístico terso y cauto, pero seductor en su amalgama de novedad extraída de antigüedad en apariencia periclitada, De aquí la juventud y el frescor señeros de su poesía que ajena a la moda, siempre esta de y a la moda.”

En suma y conclusión, para el Sr. Araya, la verdadera naturaleza del poeta Hahn, “encubierta por un formato estilístico terso y cauto” es en realidad:

- Descarada, desvergonzada, y manifiesta una descarada ostentación de faltas y vicios.
- Esta gobernada por un desordenado apetito de ser preferido a otros. Trata con soberbia de cosas superiores a su propia comprensión e inteligencia.
- Una burla sangrienta que con ironía cruel y mordaz ofende y maltrata los seres y las cosas, en particular las de “primerísima importancia”.
- Una alabanza de sí mismo desordenada y presuntuosa, es decir, llena de orgullo y vanidad.


Creo que el Sr. Araya debe una amplia explicación a Oscar Hahn, y usted, Sr. Rojas, al menos una a los lectores de su revista.


Fin de la primera lección

::::::

Espero sinceramente, Sr. Rojas, que ésta le sea de buen provecho.

En todo caso doy por seguro que en el futuro tendrá más cuidado con lo que dice y publica. Probablemente también utilice sus humoradas y tonteras, como usted las llama, con mayor tino y pertinencia (tampoco me las he tomado muy en serio, como tantas otras cosas que usted ha dicho en este intercambio).

Deseo plenamente que su sordera no se agrave y que su delirio persecutorio, madre de sus tergiversaciones, mengüe. También le recomiendo que antes de emplear algunas palabras consulte el diccionario, por respeto a los lectores de la revista entre los que me cuento y a su castellano, que sin duda mejorará.

Como tarea para la casa le dejo aquí el texto ne varietur de mi primera intervención para que medite sobre su perfecta justeza a la luz de lo que ha aprendido hoy.


Patéticos
Enviado por Synte el 18/07/2008 a las 23:29

No sé cuál de estos dos texos es más potente en tartufería y socarrona  burla del sentido de la palabra en general, de la poesía en particular y singularmente del espíritu poético de Oscar Hahn.

Admito que me resulta imposible a la vez que inútil distinguir sutilezas en la inepcia.

¿Es el chauvinismo literario morrocotudo o el amor a los galardones el otivo de fondo de esta patética "defensa"?

Menuda defensa... y p r e o c u p a n t e, no por Hanh sino por Cinosargo.

Hahn es mayorcito y su poesía mayor...

Alguna vez escuché a Oscar Hahn decir entre amigos poetas y escuchando la poesía de Eliana Navarro recitada por su autora que la buena poesía imponía silencio...

Los textos de estos rapsdoas en stereo son como el silencio... pero como el silencio sepulcral.

Atentamente

Synte

:::::::::

Tómelo si quiere como una defensa de Oscar Hahn ante los ataques solapados de la sensatez burocrático-literaria tendientes a doblegar la poesía ante el Estado y sus miserables premios. Hahn ciertamente merece mucho…, lo que es menos seguro es que el Estado merezca a Hahn.

Si le dan el premio nacional, espero que Hahn, con un par de pelotas, tenga la lucidez y entereza poética de rechazarlo, recordándonos a todos lo que decía mi vecino Celaya sobre el futuro y la poesía.

Atentamente

Synte

Bravo muy bien aprovechados los once o doce días de descanso entre tu última opinión y este deportivo despliegue de retórica
acomodaticia y copy-paste de la RAE, aplicado al artículo principal y a mi respuesta.

El papel soporta mucho y mis palabras, no están como las tuyas sujetas a una búsqueda desesperada de amparo  en lo denotativo y positivado, ejercicio inútil y formalista que queda desenmascarado en sus primeros pasos, a la luz de  la macro-estructura y sentido global de cada una de tus piezas maestras, lanzadas patéticamente en la Revista Cinosargo y colgadas en tu blog como trofeo.

No hace falta ser un semiólogo como Barthes o un teórico de la gramática textual a lo Van Dijk para ver la unidad de fondo de
tu burda clase magistral.

La cual aplaudo por bien intencionada, aunque semejante esfuerzo, mejor dedicarlo a analizar un texto más interesante que lo que tu mismo llamas patetícas apologías a Hahn.

Hay que saber interpretar y tu labor hermenéutica quedo enmohecida en un juego comparativo de plantillas, poner un texto cualquiera sobre un listado de definiciones y arrancar de semejante utilitarismo lingüístico, los argumentos y conclusiones 
que nos favorecen.

El único moralista e inquisidor en un sentido estricto, eres tú, con tu sistema que podríamos llamar Tarfufo-gráfico o socarrón-glífico, propio de una caza de brujas o un palimpsesto de la dictadura Orwelliana de 1984.

Menudo jueguito que opera a capricho para encubrir por una parte tu intolerancia e intelectualidad resentida y en el contrahaz, denostar cualquier respuesta coherente y estructurada. Es como discutir con un niño que se tapa los oidos y grita: No oigo, no oigo soy de palo...

De cualquier manera muy lindo ejercicio de manipulación, pero no pasa más allá de ser una bagatela de humo y luces. 

Atentamente
Daniel Rojas Pachas.

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A veces es mejor simplemente callar.

 

 

¿Que os ocurre a vosotros dos?  Discutiendo como nenitas.

 

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