Un mundo Faubus

Coherencias du coq à l’âne
Me sumo al entusiasmo, un tanto críptico, de Nelson por el texto de Delfín.
Hablando de reminiscencias, el Cruce los Tambores, Río Bueno, el Sur trae al presente el levantamiento general indigena de 1655 y su truculento trasfondo: las cacerías de indios y su posterior venta como esclavos en Valdivia, en las minas peruanas y en las encomiendas organizadas, entre muchos otros, por el gobernador interino de Chile y sus cuñaditos Juan y José de Salazar y el ejército español, respaldadas por juntas de curitas y por el mismo obispo de Santiago. Una cacería humana que se prolonga desde los inicios de la conquista hasta principos y más del siglo XVIII, (pues aunque Carlos II dictara el decreto que abolía la esclavitud en Chile en 1679, el gobernador Juan Henríquez, bajo la presión de los interesados en el negocio, revocó esta cédula real en 1683). Cacería humana que bajo formas y fórmulas hoy más refinadas logradas bajo la férula de nuestra libre república (ilustrada-postergada??) (Ver discursos de Benjamín Vicuña Mackenna en la cámara sobre el tema.) estira su larga cola ratonil y democrática hasta el apartheid social y la persecución de todo un pueblo confinado en nuestros días a la miseria material y espiritual compartida hoy quiérase o no por todos. “Así es el Sur. Su látigo no cesa” cantaba Nicolás Guillén en Little Rock. El Sur, todos los sures…

Du coq
El simple título del artículo de Delfin “Ataud talla XXL para la política chilena” es ya todo un programa… Nuestros hermanos transandinos decían no hace mucho y no con cierta moderación (como Los Prisioneros “moviendo” las industrias): “¡Que se vayan ya!” Bajo la apariencia de una ingenua moderación, Delfin enuncia a mi juicio un par de verdades de amplias consecuencia para la reflexión y la acción y, en filigrana, una suerte de conclusión no menos importante que estas verdades.

La primera de ellas afirma que la clase política chilena como tal está absolutamente gobernada por el interés privado. La segunda “verdad” es que la izquierda chilena no existe… si alguna vez existió más que como noción o abstracción o visión que por lo demás las luchas concretas de los chilenos siempre rebasaron, disolviendo a cada paso la imagen deformada y deformante de estas mediaciones políticas y sociales propias del espacio de la dominación republicana. Es obvio que esta segunda “verdad” resulta controvertida y requiere sin duda de una discusión a fondo (al menos para saber si hay que alegrarse por ello o entristecerse, como las palabras de Delfín parecen denotarlo cuando nos dice contradictoriamente que “nuestra izquierda continúa, desgraciadamente, lamiéndose las heridas sin aportar con un proyecto país” )

La conclusión de Delfín aparece “debajo del agua” en su diatriba contra el gobierno a quien reprocha el “limitarse a la contingencia chabacana y no llegar nunca a debatir los temas de fondo: las políticas de país, el sistema binominal, la participación real de la gente, la eliminación de los poderes fácticos, etc.” Lo que en castellano rotundo suena así: El Estado, nec plus ultra del poder fáctico, impide por todos los medios a su alcance el debate de fondo relativo al destino del país, también impide el debate de fondo relativo a una constitución libremente fundada en la soberanía del pueblo, también impide el debate de fondo relativo a la libre participación en nuestra propia historia y destino llámesele a esto comuna, asamblea popular, poder polpular o como se quiera, por último también el poder fáctico impide el debate de fondo relativo a la eliminación de los poderes fácticos tales como Endesa, empresas Forestales o simplemente Estado… Menudo programa, pero corrígeme si me equivoco Delfín.

A l’âne
No me extrañaría pues por otra parte echas de menos “un proyecto político serio, progresista, con base social, como el que hay en otros países latinoamericanos”… Otra vez triste, amigo, lamiendo alguna herida?? Creo que es hora de diferenciar una insatisfacción personal reificada (izquierda) de lo que es un resultado histórico duramente conquistado por los pueblos (inexistencia de la izquierda, entre otras mediaciones) por el que podemos ver frente a frente, sin tapujos, la cara patética de lo que pretende aniquilarnos.

Algo aquí huele no mal sino peor, a progresismo demócrata, a Orval Faubus.


Little Rock

Un blue llora con lágrimas de música
en la mañana fina.
El sur blanco sacude
su látigo y golpea. Van los niños
negros entre fusiles pedagógicos
a su escuela de miedo.
Cuando a sus aulas lleguen,
Jim Crow será el maestro,
hijos de Lynch serán sus condicípulos
y habrá en cada pupitre
de cada niño negro,
tinta de sangre, lápices de fuego.

Así es es Sur. Su látigo no cesa.
En aquel mundo faubus,
bajo aquel duro cielo faubus de gangrena,
los niños negros pueden no ir junto a los blancos a la escuela.
O bien quedarse suavemente en casa.
O bien (nunca se sabe)
dejarse golpear hasta el martirio.
O bien no aventurarse por las calles.
O bien morir a bala y saliva.
O no silbar al paso de una muchacha blanca.
O en fin, bajar los ojos yes,
doblar el cuerpo yes,
arrodillarse yes,
en aquel mundo libre yes,
de que habla Foster Tonto en aeropuerto y aeropuerto,
mientras la pelotilla blanca,
presidencial, de golf, como un planeta mínimo,
rueda en el césped puro terso, fino,
verde, casto, tierno, suave, yes.

Y bien, ahora, señoras y señores, señoritas,
ahora niños,
ahora viejos peludos y pelados,
ahora indios, mulatos, negros, zambos,
ahora pensad lo que sería
el mundo todo Sur,
el mundo todo sangre y todo látigo,
el mundo todo escuela de blancos para blancos,
el mundo todo Rock y todo Little,
el mundo todo yanqui, todo Faubus...
Pensad por un momento,
imaginadlo un solo instante.

Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS
Cerrar